Anosmia o Pérdida Del Olfato - Síntomas y Tipos

El olfato es un sentido que se caracteriza por su complejidad, siendo este uno de los más investigados durante los últimos años. En él, actúan las partículas odoríferas que nos permiten diferenciar variedad de olores. Asimismo, existe una estrecha relación entre la percepción de los olores con el gusto, por lo que la pérdida de este sentido o anosmia puede afectar mucho más allá de percibir los aromas.

Este se puede ver afectado por factores externos como la exposición prolongada a humos, químicos, entre otros. Sin embargo, existen condiciones fisiológicas, accidentales o mediadas por enfermedad, que comprometen de manera parcial o total el funcionamiento del olfato.

Tal ha sido en casos recientes en donde se observó la aparición de la anosmia tras el contagio por COVID-19, o en casos anteriores con alergias o virus estacionales. Sigue leyendo este artículo para que descubras otras causas menos conocidas, y los tratamientos disponibles en la actualidad.

¿Qué es la anosmia?

La anosmia es la pérdida del sentido del olfato en su totalidad. Esta, según sea la causa, puede ser temporal o permanente. En el caso de que la pérdida del sentido del olfato sea parcial, se le denomina hiposmia.

Debido a la estrecha correlación entre el olfato y el gusto, la anosmia puede venir acompañada por una pérdida del sentido del sabor, conocida también como ageusia si es total, o hipoageusia si es parcial. Entonces, y dependiendo del caso, cuando se padece de anosmia es posible diferenciar entre algunos de los sabores básicos, pero será difícil distinguir entre sabores más específicos.

Prevalencia de la anosmia

Según estudios realizados en la facultad de medicina de México, en el 2021, alrededor de un 25% de la población de adultos mayores a los 40 años presentan disfunción del tejido del olfato. Sin embargo, los cambios tienden a ser más notorios a partir de los 60 años de edad, llegando a ser bastante marcados después de los 70 años.

Durante la reciente pandemia, se efectuaron estudios poblacionales en donde se llegó a determinar una prevalencia con un rango bastante amplio. Existen reportes que van desde un 9% hasta un 80% de observación de anosmia en pacientes que resultaron positivos a las pruebas PCR específicas para COVID-19.

Causas de la anosmia - pérdida del olfato

Existe una amplia variedad de posibles orígenes de la anosmia, y para determinarla deben evaluarse los factores predisponentes y el historial médico del paciente. Dentro de las causas comunes se destacan:

  • Traumáticas (cirugías, otras injurias craneanas como trauma del hueso etmoides, fracturas nasales con desviación del tabique, etc.).
  • Infecciosas (COVID-19, virus estacionales, sinusitis o rinitis infecciosa).
  • Masas (pólipos nasales, tumores nasales o de lóbulos frontales).
  • Inflamatorias (sinusitis aguda, rinitis alérgicas).
  • Degenerativas/neurológicas (Alzheimer, Parkinson, síndrome de disfunción cognitiva, esclerosis múltiple, esquizofrenia, epilepsia idiopática).
  • Hormonales (hipotiroidismo, síndrome de Cushing, diabetes mellitus).
  • Farmacológicas (aerosoles nasales, amiodarona, fenotiazinas, quimioterapias).

Se tiene registro de otras causas de anosmia, tales como la radioterapia, el fumar cigarrillos, drogas ilícitas de uso intranasal, inhalación de acrilatos, metacrilatos, exposición al cadmio, algunas toxinas (veneno de serpiente), deficiencia de zinc, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), miastenia gravis, enfermedad de Refsum, síndrome de Kallmann, aneurisma cerebral, y muchas más.

Síntomas y tipos de anosmia

La anosmia por sí misma es un síntoma de una afección mayor. Este síntoma debe diferenciarse de la hipoanosmia que es la pérdida parcial del olfato; y de la parosmia, que es la alteración de la percepción de los olores conocidos (olores que antes parecían agradables, se vuelven desagradables). También existe la fantosmia, que es la percepción de un olor no presente en el momento.

Como se mencionó con anterioridad, este síntoma también puede estar asociado con alteraciones del gusto. La aparición de otros síntomas clínicos puede ayudar en la orientación del diagnóstico de una enfermedad específica. Por ejemplo, secreciones nasales de aspecto variable, aumento del volumen de una zona específica de la cara, dolor localizado, etc.

La anosmia se puede clasificar en función de la causa, por ejemplo, si es de origen traumático, viral o idiopático (sin una causa específica demostrable); o basándose en su duración (temporal o permanente), la cual dependerá de la profundidad del daño del tejido.

Procesos moderados de inflamación tendrán un mejor pronóstico que aquellos casos que impliquen una destrucción o compromiso importante de las ramas neurológicas relacionadas con la función olfativa.

¿Cómo se detecta una anosmia?

Tanto la deficiencia olfativa como la del gusto, son diagnosticadas por el especialista otorrinolaringólogo. Una prueba de olfato determinará la anosmia, y a través de un examen físico minucioso de estas estructuras, y una revisión de la historia médica, se identificarán las posibles causas.

Los especialistas utilizan diferentes kits para la evaluación de las capacidades sensoriales tanto olfativas como gustativas. Estos kits contienen químicos denominados distractores sensoriales que permiten al clínico determinar incluso cuáles nervios se encuentran afectados. Un ejemplo de esto es el kit BAST- 8, que permite evaluar los nervios olfatorios y trigéminos.

Algunas de estas pruebas están diseñadas para identificar la cantidad mínima de olor que puede detectar un paciente, y otras pruebas contienen una variedad de olores que el paciente debe identificar.

Tratamiento para la perdida del olfato

El tratamiento estará orientado a la causa predisponente de la anosmia. Tratándose la enfermedad de base y permitiendo el tiempo de recuperación de los tejidos, poco a poco se establecerá la fisiología olfativa. En aquellos casos donde haya un daño permanente del tejido nervioso, no será posible recuperar el olfato en su totalidad.

En casos como los del COVID-19, se ha recomendado la reeducación del olfato, que consiste en un entrenamiento olfatorio. Diferentes especialistas en otorrinolaringología, recomiendan un entrenamiento de dos veces al día que consta en la exposición de cuatro odorantes: frutal, mentolado, aromático y floral. Se recomienda su uso diario por un mínimo de 28 días, extendiéndose de ser necesario por hasta 6 – 12 meses.

Este tratamiento se basa en la posibilidad de estimular una neurorregeneración con la exposición repetida de agentes odorantes, siempre que el tejido nervioso comprometido se haya mantenido intacto ante la injuria. Seguir las recomendaciones que el especialista indique será de vital ayuda para una recuperación adecuada.

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Disclaimer
La información contenida en este blog es revisada por médicos especialistas con la finalidad de brindar un soporte únicamente informativo. Te aconsejamos consultar con tu médico profesional de confianza en caso de presentar cualquier síntoma o querer iniciar o suspender algún tratamiento acorde a las condiciones médicas. Los tópicos contemplados en este contenido no se destinan a tratamientos o diagnósticos. Recomendamos nunca automedicarse y no nos hacemos responsables por la manera en como utilice esta información.

Preguntas Frecuentes

¿La anosmia se puede prevenir?

La anosmia se puede prevenir cumpliendo con algunas medidas como evitar la exposición a productos químicos, tóxicos y/o contaminantes por tiempo prolongado. En caso de tener que exponerse es importante el uso de mascarillas especiales. Asimismo, la hidratación juega un papel importante, así como evitar contacto con alérgenos.

¿Qué tipo de medicamentos sirven para la anosmia?

Existen numerosos medicamentos para tratar la anosmia, estos van a depender del factor causante. Entre ellos se encuentran aerosoles nasales, antibióticos, antihistamínicos, vitaminas, entre otros.

¿Quiénes son más propensos a sufrir de anosmia?

Las personas que se exponen de manera prolongada a químicos, las personas mayores a 60 años, así como aquellas que sufren de rinitis, tumores, Alzheimer o incluso quienes hayan padecido de traumatismos craneoencefálicos.